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A-mar

Hay un lugar que guardaría solo para mí si tuviera la oportunidad, un lugar inmenso que llevaría en una canica en mi bolsillo para cuando quiera verlo brillar. Guardaría entre sus finos granos de arena todos los libros que me han cautivado y dentro de sus caracolas las canciones más lindas que alguna vez he escuchado. Entre la espuma que roza la arena constantemente guardaría las palabras más bonitas que tengo en la mente, para que sean ellas las que sanen a los que buscan un escape en costas resplandecientes. En sus palmeras, enredaría los recuerdos que nunca quiero olvidar y dejaría un espacio cerca de los cocos para en un futuro agregar. En el agua lanzaría una botella de vidrio con un corcho, que lleve un poema escrito a mano y tal vez sea leído por algún náufrago morocho que va en busca del amor entre olas y atardeceres llenos de nostalgia y resplandor. En el fondo del mar anclaría la esperanza de que sigan con vida quienes más amo, solo para que cuando vuelva y ya no estén pueda ...

Mudanza

Las mudanzas son difíciles, sobre todo cuando lo que muda, vive dentro de ti. En su antigua casa, Carlina tenía todo lo que quería, la decoró a su gusto: paredes blancas, un televisor para ver sus novelas favoritas y la misa sagradamente a las 6:00 pm. Tenía una mecedora muy cómoda en la que podía pasar todo el día: leyendo, rezando, conversando o hasta durmiendo. Su clóset estaba lleno de ropa para cada ocasión y un atuendo especial que solo llevaba a la eucaristía de los domingos, porque eso sí, siempre debía andar bien vestida. Decoró su habitación con cuadros de santos, rosarios y un calendario que miraba diariamente, varias veces al día, para nunca olvidarse de las fechas especiales, los cumpleaños de sus nietos y los días festivos, como si fueran algo diferente a sus días ya comunes. Ella era feliz en su casa, todos los vecinos la conocían y la saludaban. Le gustaba salir a caminar y apostar con sus amigas en dominó y parqués, porque tenía sus trucos para ganar (casi siempre). Pe...

Escondite

Estamos jugando.    El escondite es mi juego favorito desde que tengo memoria. Eso sí, prefiero ser yo quien se esconde, pero me ganaste en piedra, papel o tijera esta vez.   No podemos salir de la casa, si estamos afuera es trampa. Tampoco se vale esconderse detrás de quien cuenta.   Comienzo a buscarte con una sonrisa, a ver dónde estarás metida esta vez. Empiezo por la sala, reviso tras las cortinas, el sofá, el televisor... nada. Paso por el comedor y veo las flores que traje esta mañana; sé que te gustaron porque no parabas de mirarlas. Debajo de la mesa no te veo. Me voy para la cocina y pienso que tal vez estás detrás de la nevera o metida en una de las gavetas grandes, pero no, aquí solo está la cafetera que me diste por mi cumpleaños, porque sabías que no me gustaba el café fuera de casa.  Tal vez estás en la habitación... lógico. Busco en la puerta del baño y nada, ni debajo de la cama ni dentro del clóset, donde guardamos tanta ropa comparti...

Poema del amor

Si escriben 5000 poemas del amor, yo seré el 5001, con orgullo, porque aunque lejos yo, cerca mi corazón del tuyo. Porque aunque cerca tu conciencia, lejos de mi mente tu existencia, que cuando veo pasar, admiro. Por un segundo casi imperceptible, pienso en mi vida contigo y suspiro, siguiendo mi camino a lo ya reconocible. Camino en la estación y veo muchas más, pero tu alma fue quien cambió el compás de mis pies, que uno a uno, al andar, coordinan entre derecho e izquierdo, dependiendo del ritmo de los demás. Pero tú caminabas diferente. Miento, eras igual, pero al mirarte cambié de dirección, y ahí fue cuando mi torso comenzó a girar. Por eso, se enredaron mis pies. Tú, sin darte cuenta, seguiste como ibas, y yo perdí mi coreografía con los otros 26, mientras buscaba tu mirada en la salida. Nunca te volveré a ver, eso lo sé siempre. Por eso me doy permiso de creer en un futuro que sé será inexistente. Así no sufro ni ansío un encuentro, y voy de estación en estación, esperando al gr...

Nombre de mujer

Soledad, me llamaban. ¿Es acaso difícil separar de mi interior lo que llevo desde nacimiento? Me preguntaba. Y frente al espejo noche a noche lloraba. Mi nombre es objeto de burla para los demás. Y para mí, de rechazo. ¿Será que no podría llamarme Rocío sin más? O tal vez María, que pasaría desapercibida bajo el ocaso. O acaso ¿Está mi destino plasmado en las letras que me dan el nombre? ¿Estoy condenada a estar sola como en aquella cueva aquel hombre? No quisiera, y lucho por demostrarlo. Pero cada día el amor se aleja más del cuadro que estoy plasmando. La rabia me carcome, sabiendo que no es culpa mía. Y tampoco culparé a mi mamá, que no sabía lo que hacía. Culpo al destino por no dejarme ser. A la vida por no darme a quién amar y que me ame también. Y culpo al lenguaje. Porque soledad tiene nombre de mujer.

Precioso

Me encanta la palabra “Precioso” le da belleza inmediata a lo que sea que me estén describiendo, casi como si no lo pudiera tocar, como si estuviera en un altar.  Es la belleza que le dan a las diosas en la mitología, la que le dan a las estatuas de Miguel Ángel, la que le dan a los cisnes en los lagos donde solo podemos observar. Es una belleza que además es exquisita, no cualquiera la puede poseer (dicen), es algo que debe o merece ser apreciado. Como los ángeles que pintan en las catedrales, que están tan altos que no los podemos alcanzar, solo con la mirada. Las cosas preciosas son para fotografiar, hacerles un poema, una canción o simplemente admirarlas, siempre desde lejos (dicen). Una palabra tan única que en inglés solo llega a “Beautiful” que carece de fuerza lingüística comparándola con como suena en lenguas que vienen del latin, otra cosa preciosa. Pero lo más bonito es no encontrar preciosidad en la perfección, porque lo perfecto aburre, lo bonito es encontrarla  e...

Mañana

No quiero hacer nada. No puedo hacer nada. Puedo, pero no quiero. Quiero, pero no puedo. Tengo la mente llena de “tienes que hacer algo, el tiempo no se puede dejar ir”. Tengo el corazón lleno de “solo quiero descansar, pero ¿descansar de qué? Si no estoy cansada ¿de la nada?”. Tengo el alma llena de “Solo vive, tal vez mañana podrás hacer algo… ¿Podré?”. Entro a las plataformas construidas para que esté al tanto del mundo y veo a todos haciendo algo, y yo no. Debería ser como ellos, debería salir, trabajar, leer, cantar, bailar, pintar, intentar saltar al abismo, pero el abismo solo es para los valientes… No soy valiente. ¿O sí lo soy? Puedo serlo. ¿Por qué no quiero hacer nada? Pero en realidad sí quiero, solo que no lo hago. La fuerza gravitatoria de las sábanas me ancla en el colchón, la alarma suena y ya no me importa. ¿Qué es el sonido si no tiene volumen? Bajo el volumen, mute. Me levanto y el día es igual que ayer, igual que hoy, igual que mañana, igual que hace una semana. Ant...