Nocturna
A medianoche, puedo apreciar el silencio en su volumen más alto, hasta el punto en que lo único que escucho son mis pensamientos, como una cabina en medio del desierto.
Siempre he sido muy nocturna. Me gusta encerrarme en mi propia mente y pensar sobre la vida, cosa que ya he hecho miles de veces y aún así, siempre encuentro algo nuevo de qué hablar.
Las mejores conversaciones son las que tengo conmigo misma a las tres de la mañana, y no porque no valore las conversaciones con los demás, sino porque yo juego un doble rol en la comunicación: soy a la vez emisora y receptora, y eso me permite tener un manojo de temas de los cuales discutir, pero en los que siempre llego a conclusiones inconclusas porque la única opinión que tengo en cuenta es la mía. Es como tratar de realizar un debate con dos personas que estén a favor de lo mismo; el debate simplemente no existe.
Sin embargo, sigo amando hablar conmigo misma, aunque suene como una loca, porque sé que la gran mayoría lo hacemos, aunque nos dé pena decirlo.
En la noche siempre despierto. Nunca he podido entender mi reloj biológico, porque puedo tener sueño todo el día, pero cuando llega la noche, parece que fui engañada por mi propio cerebro y en realidad nunca lo tuve. En la noche soy capaz de realizar, crear e imaginar cosas que nunca podría hacer durante el día. En la noche, mi creatividad encuentra un espacio donde se siente cómoda y, al mismo tiempo, se sale de su zona de confort. En la noche es donde surgen mis ideas más voladas y donde las materializo sin problema.
Pero no todo es color de rosa, porque aunque siempre me lo repito, esperando algún día creerlo de verdad, ser una persona nocturna me ha vuelto esclava del insomnio, el dolor de espalda y las sombras oscuras bajo mis ojos. Para mí, siempre los resultados justifican las 4 horas de sueño y el estrés, pero realmente mi cuerpo a veces me pide un alto.
Ahora supongo que tendré que aprender a vivir como un búho, abrazando la noche con orgullo o desaprender y adaptarme a algo que no soy, dejando a la luna sin compañía.
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