Tortuga y yo

Voy caminando por el bosque, un lugar que no me gusta nada, y a mi alrededor solo siento ruidos y miradas. 

Me acompaña una tortuga que por alguna razón apareció a mi lado, y no entiendo por qué me habla si se supone que es un animal ¡que ser extraño! 

Ella me dice que paremos, que está cansada, ¡pero si vamos tan lento! No hemos avanzado nada, digo, queriendo salir de aquí lo más pronto posible, porque a altas horas el bosque pasa a ser salvaje y no apacible.

La tortuga habla al revés y lo más extraño es que no la puedo recordar, pero sé que se parece al dibujo que vi alguna vez en una historia irreal.

“Tengo sueño pero no” dijo ella, “aburrida muy estoy, cuento un contáme, dale!” Me dice, y la verdad, tengo ganas pocas de un cuento contar, ¡Ay no! Ya se me está pegando lo de hablar al revés “Te lo cuento si seguimos caminando” Digo yo pretendiendo que una tortuga sea tan rápida como un ciempiés.

Le cuento la historia de los seres humanos, cómo nos contradecimos y cómo nos complicamos. ¿Jaulas o alas, qué prefieres? pregunta a los pájaros, y seguro ellos te contestarán que su libertad vale más que el oro que los mantiene encerrados. 

Sin embargo, para responder, tardarían más los humanos, que ven el oro como el más preciado regalo. Así somos, le explico a ella, y le cuento sobre los pocos que se salen de la regla, aquellos que sienten hasta lo más profundo y no se dejan guiar por el miedo, sino por el amor que les da el mundo.

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