Escondite
Estamos jugando.
El escondite es mi juego favorito desde que tengo memoria. Eso sí, prefiero ser yo quien se esconde, pero me ganaste en piedra, papel o tijera esta vez.
No podemos salir de la casa, si estamos afuera es trampa. Tampoco se vale esconderse detrás de quien cuenta.
Comienzo a buscarte con una sonrisa, a ver dónde estarás metida esta vez. Empiezo por la sala, reviso tras las cortinas, el sofá, el televisor... nada. Paso por el comedor y veo las flores que traje esta mañana; sé que te gustaron porque no parabas de mirarlas. Debajo de la mesa no te veo. Me voy para la cocina y pienso que tal vez estás detrás de la nevera o metida en una de las gavetas grandes, pero no, aquí solo está la cafetera que me diste por mi cumpleaños, porque sabías que no me gustaba el café fuera de casa.
Tal vez estás en la habitación... lógico. Busco en la puerta del baño y nada, ni debajo de la cama ni dentro del clóset, donde guardamos tanta ropa compartida que ya no sé qué prendas son mías. Tampoco te veo bajo el escritorio o agachada tras la mesa de noche. No sé dónde más buscar...
¡Ah, claro! Voy caminando despacio, para que no oigas mis pasos, y ahí te veo, sonriendo tras la estantería de libros del estudio, muy parecido al lugar donde nos conocimos, entre historias y fantasías. ¿Cómo no lo pensé antes?
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Ya no estamos jugando.
Recuerdo cuando lo hacíamos, y no parábamos de reírnos por los lugares más tontos que escogíamos para escondernos. Esta vez no hubo ni papel ni tijera, solo la última piedra que lanzaste antes de irte. Salir de la casa era trampa, pero creo que ahora ya no te importa mucho.
Comienzo a contar hacia atrás, desde diez, esperando que cuando llegue al uno estés detrás de mí para proclamarte ganadora y abrazarme... aunque eso también sería trampa.
Empiezo a buscarte en la sala; no estás en el sofá y mucho menos tras el televisor, donde solíamos ver películas hasta el amanecer. Te busco en la gaveta más alta de la cocina; ningún ser humano puede caber ahí, pero tal vez tú sí puedas. No estás.
En la nevera ya no hay restos de los postres que me regalabas y dejaba un poquito para ti. Claramente allí tampoco estás.
Intento buscarte en la habitación, pero al pasar la puerta no huelo el perfume que usabas. Debajo de la cama solo quedan cajas de viejos regalos y álbumes de fotos que no me atrevo a abrir. ¿Para qué sufrir?
En el baño ya no está tu cepillo de dientes y tú, tampoco. El último lugar que me queda es nuestra biblioteca, o bueno, la mía, porque no me dejaste ni tus libros favoritos para poderte recordar. Te busco tras las historias que leíamos juntas antes de dormir, pero los personajes me susurran que en sus mundos también dejaste de existir.
En el clóset ni me atrevo a buscar, porque tengo uno de tus abrigos y allí lo quiero conservar. Cuando te extrañe, iré por él, que al menos creo saber dónde está.
Recuerdos... Por alguna razón solo me trajo recuerdos, vamos a ver si adivinas quien soy jjj, recuerdo cuando nos escondiamos entre el cultivo de maíz, plantas que en ese entonces nos parecían gigantes, ese laberinto gigante de tallos cafés y verdes del que salíamos corriendo una vez llamaban a comer... También está aquella vez en aquella casa al fondo de un callejón con una piedra enorme al final, con un gran patio de baldosas rojas si mi memoria no falla y que jugábamos al escondite por toda la casa o cuando escondiamos juguetes y la otra los tenía que buscar mientras decían si estabas caliente, tibio o frío jaja...bellos recuerdos, como pasa el tiempo, ya somos adultas cada quien con sus estudios saliendo adelante pero aún así aunque ya no nos veamos tanto yo sigo llevando a esa pequeña niña, ahora ya no tan pequeña, en mis recuerdos y corazón ❤️
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