Mudanza

Las mudanzas son difíciles, sobre todo cuando lo que muda, vive dentro de ti.

En su antigua casa, Carlina tenía todo lo que quería, la decoró a su gusto: paredes blancas, un televisor para ver sus novelas favoritas y la misa sagradamente a las 6:00 pm. Tenía una mecedora muy cómoda en la que podía pasar todo el día: leyendo, rezando, conversando o hasta durmiendo.

Su clóset estaba lleno de ropa para cada ocasión y un atuendo especial que solo llevaba a la eucaristía de los domingos, porque eso sí, siempre debía andar bien vestida.

Decoró su habitación con cuadros de santos, rosarios y un calendario que miraba diariamente, varias veces al día, para nunca olvidarse de las fechas especiales, los cumpleaños de sus nietos y los días festivos, como si fueran algo diferente a sus días ya comunes.

Ella era feliz en su casa, todos los vecinos la conocían y la saludaban. Le gustaba salir a caminar y apostar con sus amigas en dominó y parqués, porque tenía sus trucos para ganar (casi siempre).

Pero, lastimosamente, no todo dura para siempre; ella era la dueña de su casa y, aun así, tuvo que mudarse.

Pero no se mudó a otro sitio, se mudó a otro cuerpo o, más bien, otro cuerpo se mudó al suyo.

Su habitación, aún conservando la decoración antigua, pasó a ser una de hospital. Los cuadros que adornaban las paredes pasaron a ser opacados por un tanque de oxígeno gigante y una manguera larga. En su mesita de noche ya no cabían los santos, porque era primordial tener un termómetro, un oxímetro y unas cajas de pastillas.

Las tardes de juegos de mesa dejaron de existir poco a poco, así como su rutina de pintar mandalas en las mañanas e ir a la eucaristía los domingos. Los días que tachaba en el calendario, eran simbólicos, porque ahora el pasar del tiempo era más abstracto que otra cosa.

La mecedora que tanto amaba se convirtió en un lugar de paso, para descansar del colchón de su cama, que aunque era el mejor de la casa, le cansaba estar acostada todo el día.

Sus días se resumieron a saludar enfermeras y doctores que venían de visita, ver televisión y dormir.

Hay una palabra de 6 letras que me duele, pero hay otra de 10 letras que me duele más: METÁSTASIS.

Pero no todo es malo, porque cuando estás cerca de morir, recuerdas lo bonito que es vivir. Carlina sonreía, a pesar del dolor, recordando todos los momentos lindos de su vida, que aunque difícil, también estuvo llena de experiencias maravillosas: cumpleaños con sus seres amados, paseos familiares, viajes en carretera escuchando vallenatos, tardes de juegos con sus amigas, tiempo compartiendo con sus nietos e hijas y domingos de almorzar fuera de casa.

En su último suspiro el 2 de noviembre, Carlina estaba feliz, porque se podía ir sabiendo que había vivido una buena vida.

Quien se muere es quien se olvida, y yo nunca te olvidaré. Te amo, abuela. - S -

Comentarios

  1. Hija que texto tan bello. Te amo.

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  2. Que buena descendencia dejo doña Carlina, lo mejor de dejar paso en la tierra es dejar lindas memorias a su alrededor.

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  3. Hola..
    Mudarse. Dejar ir. Despedirse aunque duela...es ir aprendiendo el devenir de la Vida y va forjando Sabiduría.

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  4. Un texto muy sentido. Escribir es una manera de procesar el dolor de la separación, de reencontrarnos con los seres amados que viven y esperan en algun cajón del alma.

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