Dualidad

A veces solo quiero silencio, ese en el que no se pueda escuchar ni mi respiración. Entonces comienzo el reto de no respirar por unos segundos, solo para tener completo silencio hasta que lo rompen mis ganas de seguir viviendo. Me aíslo dentro de mí como un iglú en medio de la Antártida, donde el único sonido es el viento que congela los tímpanos de quien lo escucha. A veces necesito ese silencio que potencia la reflexión y me lleva a explorar los ruidos que solo quedan en mi interior; un silencio que cualquiera puede oír claramente, de esos que irónicamente aturden.

Otras veces quiero ruido, tanto ruido que no se puedan oír mis pensamientos, y ni un par de tapones puedan sacarlo de mi sentido. Ese ruido que te lleva a volverte loco porque todo suena al mismo tiempo y la concentración va de sonido en sonido, como cuando estás en una calle llena de discotecas y todos los géneros suenan a la vez, o cuando te sientas en el patio de un colegio a la hora del recreo o te paras un momento en la plaza de mercado. Es un caos sonoro que, en la mayoría de las veces, le huyo, pero que cuando la contaminación auditiva de mi cabeza toca lo más profundo puede ser lo más relajante de escuchar, aunque poco sensato. 

Soy un ser dual pero no elijo cuando serlo y mucho menos qué lado escojo, por eso, si se me ven en trance, solo déjenme ser. 

Comentarios

  1. Hermoso mi Toti. No sé a que horas te convertiste en una mujer, llena de sensibilidad y amor. Te amo.

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